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1 de noviembre de 2026
Gilmer tiene un programa de entrevistas en Youtube, sobre literatura, con la Universidad de Envigado. El último es con Sara Jaramillo, no tengo muchas ganas de leerla, no sé si algún día lo voy a hacer, pero sí me dio curiosidad escucharla. Gilmer y Sara están de acuerdo en que está bien hablar de una sola cosa durante muchos libros. Durante toda su vida. Están de acuerdo en que todos sus libros son una extensión del primero. También están de acuerdo en que una vez se encuentra la voz que les funciona no les parece necesario experimentar mucho con otros géneros, con otras formas de contar: cuál es esa necesidad de demostrar que podés hacer eso, dice sobre todo Gilmer, mientras Sara no para de hablar de ella misma, no de sus libros ni de literatura, sino de ella misma, de cómo hizo su carrera profesional desde niña hasta hoy. Una carrera llena de oportunidades laborales en ascenso, la de Sara. Un excelente pitch, una escena donde una editora la busca corriendo desesperada porque Sara se le va a escapar, un cafecito riquito riquito con una editora a la que le gustó la historia, un amigo que llora y llora leyendo a escondidas los papeles de Sara, mientras ella no está. La literatura buena hace llorar, y se lee de una sentada. Eso fue lo que entendí. Las preocupaciones literarias de fondo (la forma de contar, y la mirada de la realidad), en cambio, ellos dos, las resolvieron rápido (ahora solo les precupa no saber si van a ser capaces de hacer otro libro) y ya no están muy interesados en contar cosas distintas ni de distinta forma, de publicar muchos libros más frente a una grupo de consumidores que siempre quieren una extensión del univero más, sí. Están en todo su derecho de hacerlo. Los consumidores y Gilmer y Sara también. Faltaba más. Pero, para mí, eso es, digamos, una forma superficial de la literatura, y de la realidad. Una farsa, un poco, aunque sea involuntaria. No sé, yo creo que lo literario literario es la forma de contar. No sé, digamos pues que El olvido que seremos es una historia triste y significativa sobre todo en el contexto colombiano, pero Cien años de soledad, en cambio, es lo literario de verdad. La primera es una buena historia, contada con un buen enfoque y depuración estética. Simple, efectiva. Vargas Llosa la leyó en una sentada de un vuelo de avión, y lloró. Pero Cien años de soledad, en cambio, es, sobre todo, la forma de contar, el lenguaje poético singular, el efecto de lo maravilloso al momento de explicar la secuencia lógica de la realidad, que crea un universo sensorial, más que un universo de lugares y personajes. Pienso yo. Pero, pues, yo qué voy a saber. Eso es solo lo que converso conmigo al ver esas entrevistas con atención.
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31 de octubre de 2026
En 2005 empecé a estudiar Derecho. En la primera clase nos preguntaron a todos, uno por uno, por qué estábamos ahí. Yo dije que a mí lo que me gustaba era la literatura, y que me habían dicho que estudiar leyes era como leer, pero daba trabajo. Nunca trabajé de abogado, ni me gradué. Después empecé a estudiar literatura. Después entré a algunos talleres. Para entrar a uno de ellos nos pidieron un cuento. Yo presenté uno sobre alguien a quien no le gustaban los gatos, pero se le aparecía uno, se enamoraba de él, y después el gato desaparecía y cuando él lo buscaba todos los vecinos le decían que él nunca había tenido un gato. Lo titulé Todos los amigos son imaginarios. En esa época no había vivido con gatos y no planeaba vivir con ninguno. Poco tiempo después un gato apareció en mi vida, y luego otro más. El cuento no tiene nada qué ver con gatos. Tiene que ver con la forma en la que nos enamoramos de las cosas que no existen. Sobre cómo hacemos nuestra realidad de cosas que no existen, cosas que no sabemos que no existen, hasta que desaparecen, y los demás nos dicen que nunca hubo algo ahí. Luego de ese taller hubo otro. En el que ahora era necesario tener un proyecto de libro. Yo lo hice sobre el mismo tema, pero variando, a cada cuento, la forma de contar. Luego, en el 2025, después de muchas correcciones, y rechazos, y silencios, y descubrimientos acerca del ecosistema literario, la editoial Eafit me publicó el libro.
Un año después, veinte años después, siento que ese libro ha sido mi vida, o sea una ficción. Siento que todo, inevitablemente, es una ficción, también el derecho, los gatos o la amistad, lo son. Y siento que ese libro no es lo que dice, sino lo que aprendí sobre mí mientras lo aprendía a hacer. Lo demás es leer, e insistir en creer y crear la realidad que uno de verdad quiere, con lo que hay. Aunque veinte años después, cuando todo desaparezca otra vez, descubra que nada de esto existió. -
30 de octubre de 2026
Mi mamá es una persona directa, hiperactiva, reactiva. No le gusta leer, no soporta esperar, le cuesta demasiado frenar sus reacciones. En el mundo de ella el valor de la forma de decir las cosas, palabra a palabra, es cercano a cero. Ella puede entender que el tono y las formas tienen un efecto distinto en un contexto distinto, le gustan algunas ficciones, como a todos, porque la hacen sentir cosas que le gusta sentir, pero no le gusta reflexionar sobre ellas. No tiene tiempo (aún si no tuviera nada qué hacer por años lo tendría) para pensar en la sensibilidad estética de cada palabra. Usa las palabras como las tijeras, para cortar, y nada más. Alguna vez estuvo enferma por meses, después de estar enferma por décadas, y, cansada de todo lo que sentía, empezó a nombrar sus síntomas: siento algo mordíéndome todos los huesos, decía, siento que me llora el pecho, siento un animalito con garras corriéndome en la espalda. Y, más allá del dolor encarnado de esas palabras en mí, pensaba, también, que, tal vez, leer sirve para darse cuenta, en una caso de estos, de la belleza, que no deja pasar la emoción de largo, pero, también, que, para hacer literatura, basta solo con tener la urgencia de decir algo, con el dolor del cuerpo entero.
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29 de octubre de 2026
Soñar y vivir también es lo mismo. Últimamente tengo sueños pesados. Estoy en la mitad de alguna gran carretera, en la noche, sucede un accidente, es mi responsabilidad, un ser querido, herido o muerto, yo no puedo hacer mucho por solucionarlo pero el sueño es largo y yo no sé que es un sueño y me la un paso un tiempo indefinido de la noche pensando en que tengo que hacer algo urgentemente y que no hay absolutamente nada qué hacer. En la realidad y en el sueño las dos emociones son ciertas inmensas e irremediables. Con esa sensación me despierto, intentando solucionar algo que no puedo arreglar, y confundo el sonido de mi corazón con los pasos de alguien corriendo, adentro mío, corriendo desesperado sin poder salir, y yo creo que escucho a alguien cerca que me pide ayuda, abro los ojos, estoy totalmente despierto, entonces me doy cuenta de que nadie ha dicho nada, que soy solo yo y mis preocupaciones que no puedo solucionar, y con esa realidad líquida cierro los ojos y los abro en la mitad de una carretera accidentada, de noche, donde ahora empieza a llover.
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28 de octubre de 2026
Vila-Matas se ganó un premio grande. En la publicación del reconocimiento dice, entre otras cosas, que estaba escribiendo un prólogo, que el premio ha interrumpido su escritura, y que le parece bien porque él escribe pero no vive obsesionado con la escritura. He escuchado y leído eso con frecuencia de alguna gente de la literatura. De esa relación que hacen entre vida y escritura. De preferir la vida sobre la escritura aunque amen la escritura. No lo juzgo, pero no lo entiendo. Supongo que lo que quieren decir es que por significativa que sea la literatura para cada una de esas personas, la escritura, la literatura, es un oficio o un trabajo, y la vida, en cambio, es otra cosa.
No lo entiendo. La literatura, o la escritura, para mí, no es escribir un prólogo, ni siquiera es escribir o leer, es atravesar la vida por una forma singular de entender y sentir la realidad. Es ser consciente y activo en relación con el efecto de la ficción en la realidad. La literatura es la vida. Es estar vivo. Es hacer la vida. Escribir un prólogo no tiene nada qué ver con estar obsesionado con la escritura. No entiendo qué significa eso, es como decir que no estoy obsesionado con respirar. -
27 de octubre 2026 2
La IA en la escritura de textos completos, legitimados, empieza a ser noticia. Dos premios, dos acusaciones de uso de IA, incapacidad de probar de forma inmediata y efectiva el uso de la herramienta y para qué se usó.
Pienso tres cosas.
Sobre la prueba: muy difícil hacer un texto de ficción extenso sin dejar registros digitales y públicos del proceso. Escribir casi siempre es un acto colectivo, se hace durante tiempos largos, hay conversaciones alrededor, hay retroalimentaciones, cambios. También hay lecturas, por lo general, que se realizan para escribir, que influyen en el contenido y en lo formal. De todo eso debería haber registros. Pero el principio de la carga de la prueba dice que quien acusa es quien es responsable de la demostración. Curiosa la labor de detective ahí. Si fuera un juicio también debería existir la posibilidad de mostrar registros de consulta ¿no? Porque determinar posible sintaxis y recurrencias o errores de los textos realizados con IA, a la velocidad a la que avanza y cambia, es injusto y engañoso.
Sobre el criterio literario: la pregunta es, si el texto es muy bueno, y es hecho con IA, ¿qué dice eso sobre el valor de la literatura?, ¿qué es lo que consideramos literatura?, ¿para qué nos sirve?, ¿cuál es el valor de la presencialidad en la ficción? Si, en cambio, el texto es mediocre, ¿qué dice eso sobre las instituciones literarias? Los jurados, las editoriales y los premios, son instituciones literarias, en teoría su labor es interceder entre la producción y la recepción, para influir en el significado y la calidad de lo literario. Y si, en cambio, todo esto es una gran estrategia de mercadeo, para que un producto tenga una difusión que sin el escándalo no va a tener, ¿ahí qué?, porque hace rato que las instituciones (y el criterio literario) están subordinadas al mercado. Y eso modifica no solo lo que se entiende como literario, sino que modifica la realidad. Porque la ficción, quien la ama y la estudia lo sabe, crea la realidad.
Sobre el futuro inmediato: más que la carga de la prueba o el circuito comercial que difunde y legitima lo que se considera literario, a mí me importa la literatura. Una literatura que lleva décadas confundida por su necesidad de sobrevivir dentro del aparato social y comercial. La facilidad de escribir ficciones efectivas e hipereficientes sin intervención humana es una pregunta para las instituciones que viven hace muchísimos años subordinadas a lo comercial, se deben estar preguntando si la gente está dispuesta a comprar libros hechos con inteligencia aritificial, si son capaces de crear símbolos y fenómenos con esa tecnología, y cómo va a modificar eso la industria. Y creo que van a descubrir rápidamente que sí se puede, y van a encontrar el discurso y los "nuevos valores" que legitimen su labor. Mientras tanto la literatura, la humana y la que se nutre de la vida, pero que es más difícil de producir, y aprender a leer, seguirá existiendo, porque la realidad está hecha de ficciones, y lo artificial solo existe por lo humano, y no al contrario. -
27 de octubre de 2026
Promesa: mínimo un registro diario, aunque sea una frase o una palabra, sobre la literatura en mi vida.