El mercado produce realidades. Es lo que, en relación con la literatura y la sociedad, recuerda Pron en este ensayo. Realidades en las que el contenido sobra, en las que los carteles con libros impresos, o los lomos vacíos de libros, o la merch de los libros, se vende más que los libros. Porque los libros son una buena decoración. Porque hablan bien de quien habla, sin importar si ninguno de los dos sabe lo que está diciendo, en realidad. El mercado es una forma de la inteligencia artificial: producción de objetos sin criterio autónomo. En teoría, el valor de la literatura es (debería ser) el de la observación y creación de realidades (presentes pero imposibles de nombrar totalmente). Realidades que la ficción forma con todos y para todos los sentidos, ¿no? Pero, en la actualidad, el mercado hace tanto ruido que queda la impresión de que el valor de la literatura es la capacidad de vender (rápida y masivamente) una imagen sin cuerpo, y una emocioncita fugaz.
La culpa cae en todo el ecosistema, desde quien escribe y edita hasta quien lee, pero la preocupación no recae en muchas personas, porque gran parte de los sujetos del ecosistema literario se agotan haciendo el esfuerzo por sobrevivir dentro del mercado, y porque muchos de los que no sufren por sobrevivir están muy cómodos con su estatus precario. Porque muchos ya están convencidos de que la literatura no es nada diferente a una parcela insignificante dentro de la industria del entretenimiento.
Hay una historia famosa de Maupassant que decía que él odiaba tanto la torre Eiffel que se metía dentro de ella para no tener que verla. Y esa anécdota sirve para ejemplificar que la mejor forma de no ser capaz de reconocer algo es estar tan adentro de eso que ya no pueda distinguirse. Y esa anécdota sirve, entonces, para ejemplificar la literatura irreconocible y desdibujada, dentro del capitalismo.
La literatura no necesita al mercado para existir. Las personas estamos subordinadas al sistema, y al mercado, para sobrevivir. Y en algún momento todo se confunde. Pero la literatura es otra cosa: un organismo que produce realidades. Para defender esto último, para impulsarlo, Pron nombra la necesidad de una crítica literaria distinta, que retroalimente la relación entre el texto y lo que este le dice al público en determinado contexto (geográfico y cultural).
Para hacer esto, para impulsar y defender el valor autónomo de lo literario, Pron hace un repaso del sistema actual en relación con la literatura, y nos habla de ese afán comercial de hacer más, y más rápido, sin pensar en qué se hace, siempre y cuando se pueda acumular y capitalizar económicamente. Habla de la literatura convertida en industria en todos sus elementos (edición, producción, crítica, creación, promoción, formación, recepción), pues cada uno de ellos trabaja para aumentar sus posibilidades comerciales, ignorando la calidad, profundidad o importancia de lo que hacen.
El ensayo es corto y claro. Contundente. Y tiene, para mí, el enorme valor de recordarme que no me invento ni exagero la incomodidad creciente con lo que se llama y se cree que es literatura actualmente, y la pasividad de todos los actores que intervienen en ese ecosistema para resistirse, para no resignarse, para no traicionarse, ni traicionar al público.
* Pron, Patricio (2026). No, no pienses en un conejo blanco. Editorial: Isla de Libros. Página 62.
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