La Odisea es el relato del regreso de Ulises a Ítaca. La estructura del viaje es tal vez la forma narrativa más popular que ha existido. Durante ese patrón el héroe o protagonista se ve obligado a partir de su lugar seguro, enfrenta obstáculos y, por último, regresa transformado. En la Odisea los obstáculos que enfrenta y supera Ulises lo engrandecen, y refuerzan los valores del héroe griego.
«Talpa», cuento de Juan Rulfo, escrito en 1950, narra el regreso de Natalia a su madre. El motivo que fuerza el viaje es la petición de Tanilo de ser llevado a la Virgen de Talpa, para curarlo de una enfermedad que lo está pudriendo en vida. Natalia y el narrador (el hermano de Tanilo) deciden llevarlo con la secreta y pecaminosa esperanza de que por fin Tanilo se muera. Durante la peregrinación (a la que terminan empujando a Tanilo cuando este ya se quería regresar) tienen sexo con frecuencia, ocultos de Tanilo, del día y de la luz. La peregrinación es colectiva. A la Virgen de Talpa caminan multitudes, a pedir por sus enfermos o por ellos mismos, son tantos que empujan a Tanilo, Natalia y su hermano hacia allá. El camino de Tanilo es un viacrucis [1] y se hace más tortuoso en la medida en que se acerca a su destino, que es la Virgen de Talpa y la muerte. El camino del narrador es el del remordimiento por la culpa que siente al saber lo que está haciendo, y no poder parar, ni siquiera cuando todo acaba[2]. El camino de Natalia, también plagado de culpa, es el del regreso a la madre, a quien le llora[3] para representar su catarsis. La epopeya cristiana es la del sufrimiento y la culpa, que termina con la muerte y la esperanza de alguien capaz de perdonar los pecados mortales. La epopeya griega es la de la astucia, la resistencia y la lealtad, encarnadas en Ulises. Y terminan con la venganza, para restituir el lugar usurpado.
La epopeya griega es la hazaña del guerrero. La epopeya cristiana es la esperanza del perdón mediante el sufrimiento. Las dos se sintetizan en viajes de ida y vuelta al lugar de origen. Para salvar a los hombres Jesús regresa al cielo; para salvar a su familia, y a sí mismo, Ulises regresa a Ítaca.
Hay demasiadas variaciones del viaje, y del héroe, la transformación de Gregorio Samsa, en La metamorfosis, es un viaje, de humano a insecto, que lleva a la víctima, también, a ser empujada a la muerte por la sociedad y su propia familia.
Las ficciones que nos entretienen no son solo entretenimiento, y menos aún, porque es imposible, fidelidad. La forma en la que nos representamos refleja una mirada de lo que somos, o lo que intentamos ser, como sociedad o individuos. No existe una narración neutra. El mismo Quijote, publicado hoy, palabra a palabra, pero por Pierre Menard, significa algo distinto a lo que significó el de Cervantes en su época, como nos enseñó Borges.
Todavía no he visto la Odisea de Nolan. Lo que sí he visto es la polémica, o la estrategia de difusión ideológica y comercial, de Elon Musk, que propone la Odisea tecnofeudalista y antiwoke, hecha con IA, fiel a la historia, y al texto original.
Pero no existe la historia fiel, ni conocemos la voz del relato original, ni el texto original, tenemos copias e interpretaciones, nada más; porque así funciona la historia, esa rama de la ficción, y todo lo que sabremos, y conoceremos, si la llega a hacer, es la Odisea de Musk, hecha con IA, que quizá, sin querer, termine narrando la historia de alguien que prometió colonizar Marte, pero, en el intento, solo logró destruir la humanidad.
[1] «Todo se debió a que Tanilo se puso a hacer penitencia. En cuanto se vio rodeado de hombres que llevaban pencas de nopal colgadas como escapulario, él también pensó en llevar las suyas. Dio en amarrarse los pies uno con otro con las mangas de su camisa para que sus pasos se hicieran más desesperados. Después quiso llevar una corona de espinas. Tantito después se vendó los ojos, y más tarde, en los últimos trechos del camino se hincó en la tierra, y así, andando sobre los huesos de sus rodillas y con las manos cruzadas hacia atrás, llegó a Talpa aquella cosa que era mi hermano Tanilo Santos; aquella cosa tan llena de cataplasmas y de hilos oscuros de sangre que dejaba en el aire, al pasar, un olor agrio como de animal muerto» Juan Rulfo (2016). «Talpa», En Obra Reunida (2016), editorial Eterna Cadencia, páginas 56-57.
[2] «Y yo comienzo a sentí como si no hubiéramos llegado a ninguna parte, que estamos aquí de paso, para descansar, y que luego seguiremos caminando. No sé para dónde; pero tendremos que seguir, porque aquí estamos muy cerca del remordimiento y del recuerdo de Tanilo» Juan Rulfo (2016). «Talpa», En Obra Reunida (2016), editorial Eterna Cadencia, página 58.
[3] «Natalia se metió entre los brazos de su madre y lloró largamente allí con un llanto quedito. Era un llanto aguantado por muchos días, guardado hasta ahora que regresamos a Zenzontla y vio a su madre y comenzó a sentirse con ganas de consuelo» Juan Rulfo (2016). «Talpa», En Obra Reunida (2016), editorial Eterna Cadencia, páginas 49.

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