Editorial Angosta
1ª edición
225 p.
Fuera de su ecosistema las familias son animales de estudio. Cada uno de estos cuentos tiene un animal adentro, encerrado en una jaula, ahogado en una taza de café, pastando en un potrero, duplicándose en una pared; cada uno de estos cuentos tiene una familia adentro, encerrada en una cotidianidad a veces salvaje y siempre particular. En cada cuento, trabajado desde lo técnico pero cercano desde lo comunicativo, hay un relato acerca de un comportamiento que es normalizado desde lo familiar aunque sea escandaloso fuera de contexto.
En el segundo cuento, por ejemplo, el intento de una mujer por conquistar un perico australiano es una forma de enfrentar un duelo reciente; en el tercero los primos de un cuasipadrastro costeño llevan al hijastro a conocer las burras por primera vez; en el cuarto entendemos el tamaño de la herida de alguien que daña a quien debía cuidar; en el quinto un terror en forma de gato persigue al narrador hasta en los sueños; en el sexto un pasatiempo forzado y artificial se convierte en la memoria más significativa de un hijo con su papá; en el noveno un narrador que añora volver a jugar fútbol competitivo es superado en el juego por una vaca en un potrero; en el undécimo una futura veterinaria cambia de decisión profesional cuando intenta descubrir una nutria en el río.
De lo formal me gusta lo bien que funciona el cambio de las voces y los narradorres: la empleada de la casa que narra en primera persona el primer cuento; la tercera persona que narra el duelo de una viuda reciente a través de un perico australiano, en el segundo; las voces costeñas de Rodolfo y su familia en el tercero; la segunda persona que refleja la verdad horrorosa del mundo a través del relato sobre Fíyerac, en el cuarto; esas voces, coloquiales y pintorescas, que nos hablan de cerquita a los lectores, con ironía y humor.
También me gusta el cuidado del libro, desde la dedicatoria (a la pollita y al oso) a la página final (con el inventario de familias animales).
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Este libro fue finalista del Concurso Nacional de Novela y Cuento de la Cámara de Medellín, de la premiación recuerdo a uno de los jurados decir que entre los libros finalistas había varios alrededor de animales. Me hizo pensar en qué son los animales en la literatura contemporánea, si sí están más presentes, si ahora son una variación de la clásica representación de los animales antropomorfizados de las fábulas, del animal como metáfora de los seres humanos, o si hay una pregunta vigente acerca de cómo nos relacionamos con los otros seres vivos, no sé si la forma en la que ahora tratamos a los animales habla de nuestra cultura actual, en las personas que ahora prefieren a las mascotas que a los hijos, por ejemplo; sea como sea, de un libro como este me gusta la oportunidad de profundizar en esa extrañeza, naturalizada hasta el olvido, de lo que es existir en sociedad.
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