Un lugar propio

  1. En el cuadro superior, que hizo mi hermano, yo veo una persona en un bosque, con las piernas hundidas en el lodo, pero de todas formas buscando, ¿qué busca? Todavía no sé si la antorcha que sostiene en las manos es para iluminar, o para hacer un incendio. Tal vez las dos. Me gusta pensar que son lo mismo. El tiempo es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. Decía Borges.
  2. Abajo, en un fondo azul, mi hermana ilustró una cara que se parece a la mía, sumergida, con los ojos cerrados afuera, en la realidad; y los ojos abiertos en lo profundo, en la ficción.
  3. El más pequeño es la foto que le regalan a uno en la ceremonia de 100palabras. Estoy solo. Me gusta como quedó. Supongo que ese es un regalo que me doy.
  4. El último, se supone, es una copia de una ilustración de Kafka, y, aunque la he mirado por años, no sé que pienso cuando la veo. Miro la posición de las personas, superpuestas en el centro, como si fueran un efecto de espera y desesperación. Por el movimiento quieto. Miro las caras inexpresivas hacia el suelo. Pero también veo el color, vivo, variado. No sé nada de la técnica. Y no sé qué quiere decir. Pero mirarlo, y narrármelo, es suficiente. Me lo regaló mi hermano, también. No puedo ver ese cuadro sin sentir cariño.

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