El cuento es corto en extensión, pero no sabemos quién narra (¿un paciente siquiátrico, un auxiliar de un asilo, una víctima, todas las anteriores, ninguna?), y como no sabemos es necesario releer varias veces, intentar dibujar esa realidad frágil que se desarrolla en tres escenas: 1. alguien en una “reunión de locos” frente a un paciente nervioso que eventualmente le saca el arma y le apunta; 2. esa misma persona en algo así como una imagen congelada (como la hermosa inercia de los cuadros de Gustave Moreau) que reflexiona acerca de esos cuadros con hombres gigantescos frente a mujeres pequeñas en comparación; 3. alguien que escucha dentro de una habitación a dos hombres desconocidos en la habitación del lado. Uno de ellos, después de describir un arquetipo machista de una mujer (belleza, saber vestir, saber estar, habilidades en la cocina) le dice al otro que él hizo justicia con su mujer, y la mató, para que nadie se ría de él; y al final de esa tercera escena hay otra que parece una cuarta, 3.1 quien narra no es capaz de dormir, se despierta y lee, el amanecer no llega nunca, las voces de la habitación del lado dejan de sonar, mira su habitación y se da cuenta de que ese cuarto tiene tres camas también, como el del lado, y luego cierra los ojos y escucha una voz de mujer contra la pared del cuarto vecino, que le dice, “buenas noches”, y entonces quien narra siente ganas de gritar, pero se las traga, porque sabe que tiene que hacerlo.
No sabemos cuál es la trama “real”, no sabemos quién narra, repito, y solo contamos con esa voz para ver la realidad. Lo que sí sabemos, lo que se repite una y otra vez en todas las historias es la amenaza de un hombre violento e intimidante frente a una mujer (o personaje) indefensa. El hombre amenazante está armado, es más grande que su víctima, utiliza un lenguaje intimidante y poco confiable, y cuando habla se le nota que considera que las mujeres “de los hombres” son una posesión más, como los carros y las armas, dice el primero, solo que las mujeres se pueden prestar, las armas no. Es un arquetipo feminicida clásico, pero la frenología no existe, no hay un solo un arquetipo feminicida, no hay un arquetipo, hay feminicidas: personas que matan a una mujer por razones de género. Lo que sí existe, aunque no haya arquetipo, es una cultura, que se llama machismo, que enseña a los hombres a creer que las mujeres son pertenencias, que se sienten en la obligación y capacidad de exigir obediencia y sumisión a las mujeres, que vinculan esa obediencia a su honor, y que están dispuestos a ejercer cualquier tipo de violencia para seguir sometiendo a la figura que consideran indefensa.
d Roberto Bolaño, «La habitación de al lado» (2001-2003). En el libro: Cuentos Completos (2018, Cuentos Póstumos: El secreto del mal, 1998-2003). Editorial Alfaguara. 647 páginas

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