Este libro es, sobre todo, un ejercicio metaliterario que contiene una teoría personal acerca de algunos aspectos que el protagonista considera imprescindibles en una narración contemporánea[1]. Luego hay un aparato formal, una trama, para decir eso, pero la sustancia es la teoría. Esos cinco aspectos son: la intertextualidad (la singularidad de la mezcla del archivo personal literario), el lenguaje poético, la especulación atinada sobre algún aspecto del futuro, la prevalencia del estilo sobre la trama, y una conciencia moral (personal) medio heroica (porque resiste en un entorno adverso); también se podría incluir en esa enumeración, aunque el protagonista no la liste, a la escritura bajo la certeza de la incertidumbre, o sea: al descubrimiento de qué se quiere decir mediante el ejercicio de decirlo (como si fuera un ejercicio sicoanalítico).
Estoy más o menos de acuerdo en la esencialidad de estos elementos en las narraciones que prefiero, lo que no entiendo es para qué decirlo. La teoría y la crítica literaria, sobre todo, son formas más o menos complejas, rigurosas y enriquecidas de interpretar (un texto). No son descripciones científicas axiomáticas porque las formas de contar son móviles, porque el lenguaje es inestable, porque lo único imprescindible en la literatura es la capacidad de contar; la forma en que se hace se adapta y se transforma según la necesidad y el contexto. La crítica y la teoría literaria, me parece a mí, sirven para impulsar distintas formas de lectura, para complejizar la interpretación de la interpretación del mundo, ¿para qué, entonces, afirmar estas características que son casi obligatorias en el ejercicio comprometido de la literatura? Por ejemplo:
- La intertextualidad, que es un comentario alrededor de la originalidad y la autenticidad, ¿no es casi obligatoria?, ¿se puede escribir dentro de un código literario sin utilizar el código aprendido? Yo pienso que es inevitable que de alguna forma emulemos en nuestras narraciones lo que amamos de otras, y eso hace que cada texto, inclusive cada fragmento de cada texto, analizado con atención, lleve a otro.
- La función poética del lenguaje. En un texto literario estéticamente efectivo (o sea que detone una multiplicidad de sentidos en una multiplicidad de sentidos), la función poética del lenguaje es difícil de evitar. ¿Cómo se puede narrar estéticamente desde una función meramente informativa, si desde el momento en que el sentido directo e inmediato se multiplica también se multiplican las formas de ese mismo lenguaje? Escribir ficción es estar atento a las formas de nombrar, porque dentro de cada forma de nombrar se oculta algo más que lo que se nombra, y además se oculta algo innombrable; esa es una evidencia difícil de evadir para quien escribe para contar y no para vender [Porque el código del mercado sí es otro, más plano y tramposo en su simpleza].
- La especulación atinada sobre algún aspecto del futuro sí es una característica menos directa. Porque es fácil escribir ficción sin especular sobre el futuro, porque la mera descripción personal del presente y el pasado ya es una especulación y una ficción involuntaria. Lo que propone el protagonista de esta narración, entonces, es comprometerse con una revelación, con una incomodidad y un peligro inminente en el mundo, y con eso estoy de acuerdo; pero nombrar la necesidad de esa incomodidad termina en el absurdo de forzar la incomodidad para escribir: o sea inventarse el peligro para justificar la ficción, y no justificar la ficción en la inminencia del peligro; y eso es un despropósito.
- La que más me gusta en su forma de ser nombrada, en este libro, es la prioridad del estilo por encima de la trama. Para el mercado es más eficiente (fácil, rápido y fabricable) crear emociones (aunque sean superfluas) a partir de fingir acontecimientos y obstáculos para llegar a un fin. Eso es una trama. Se vuelve más compleja entre más acontecimientos y obstáculos tenga para llegar al mismo fin. La acción es más efectiva para el mercado que la reflexión (las bombas o el sexo explícito antes que la construcción de la ficción de la violencia o el deseo). Me parece sorprendente que todavía haya tanta gente dedicada al ejercicio de la literatura que crea que lo que se dice es más relevante que la forma en que se dice. Que se esfuerce más en la trama y en el argumento que en el efecto estético para decirlo. Pero lo cierto es que, en el contexto actual, el mercado manda, y el público consumidor prefiere la trama y la emoción rápida y superficial antes que la reflexión sobre algo. Porque asume que la forma de decir algo no dice más que la forma, o sea, asume, que la forma es decorativa, que es lo mismo que asumir que la literatura es decorativa; cuando en realidad es al contrario: la trama no dice más que lo que dice, y dice poco. Lo que, en cambio, no deja de decir algo (que nunca dice del todo) es la forma. El protagonista de este libro lo expresa al decir que fue un gran descubrimiento para él la revelación, a través de Liz Themerson[2], de que las tramas son limitadas; que sabiendo esto podría dedicarse a lo que importa, que es el estilo. Me gusta esa cita mal atribuida que resume las tramas a un esquema simple e irrelevante, capaz de ser reproducido fácilmente (por la inteligencia artificial, por ejemplo) porque lo auténtico es la forma de decir esa reflexión personal sobre el mundo (que es una ficción).
- La conciencia del paisaje moral ruinoso a mí se me parece a la especulación atinada y específica sobre el futuro. Porque las dos son una forma de estar incómodo con algún rasgo del presente, y por lo tanto se anuncia el peligro (la consecuencia) de continuar por esa ruta.
- El descubrimiento mediante la escritura de lo que quiere decirse es otra consecuencia inevitable. Como en el sicoanálisis, aunque la primera pregunta sea para qué está uno ahí, uno no va a terapia a presentar el diagnóstico, uno dice qué cree que tiene, y es durante el proceso de decirlo, que, eventualmente, descubre cuál es el diagnóstico más probable.
Entonces, ¿para qué afirma el protagonista esta teoría, evidente para cualquiera que recorra un camino similar? No sé, pero quizá sea porque el lugar de destino importa menos que la forma de decirlo, que el juego metaliterario. Entonces, quizá, este ejercicio metalitario no es acerca de la teoría literaria que expone taxativamente, sino acerca de la forma, de la especulación y la reflexión (por un camino incierto), como materia principal de la literatura. Perder teorías, entonces, el título de este libro, hace referencia a la posibilidad de buscar, mediante la literatura, una identidad incierta (ese oxímoron).
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Luego hay que hablar del intento del protagonista de vincular esa afirmación literaria (de especular y reflexionar por un camino incierto, para poder llegar a un lugar) como una forma de darle sentido a la vida. Para el protagonista, la incertidumbre y la reflexión son formas de estar presentes, o sea vivir sin la inminencia de la realización de alguna expectativa (porque eso se parece a vivir en el futuro). El protagonista, entonces, vincula el sentido de su teoría literaria (que es solo una afirmación) con el sentido de la vida: la activa certeza de la incertidumbre del presente. O sea, la reflexión, antes de una llegada que no se espera, como un punto de destino. O sea la espera de la espera, como destino y sentido, literario y vital.
Suena bien, ¿no? El problema, creo yo, sin embargo, está en la forma en que el protagonista expresa esa teoría. Porque las respuestas sentenciosas e innecesarias que da, acerca de cómo debería ser la literatura, se parecen más a una incapacidad de esperar, a una necesidad de encontrar respuestas rápidas y fáciles sobre algo que se va a construir solo, durante el camino, y que no necesita esas afirmaciones que hace alguien constantemente preocupado por llenar el tiempo de la espera al que se ve obligado porque ninguna de sus expectativas inmediatas se está realizando. El problema, entonces, es que el discurso de ese personaje no se parece a lo que dice, y lo que dice es innecesario, por inevitable, entonces, el problema es que la teoría de ese personaje se queda en la teoría, aunque finja llevarlo a la práctica. En la práctica, a fin de cuentas, ese personaje, solo está llenando su ausencia de mundo exterior con mundo interior, o sea, está llenando su mundo de su propio reflejo, con la excusa de ser tímido, como él mismo afirma. O sea que se está quedando en la teoría. Y la práctica también hace parte de la vida, y del mundo.
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Luego hay que hablar de la trama que el autor utiliza de excusa para hacer este ejercicio metaliterario. Yo no sé nada de Vila-Matas, aunque quizá, por su largo reconocimiento, debería; pero no sé nada de él, y por ahora no me importa, el que me importa es su protagonista: un personaje clasista, egocéntrico y arrogante, lleno de un solapado sentido de superioridad que lo hace bastante irritante para mí. Tal vez es un juicio muy severo contra un personaje que no hace nada más que intentar ir a un conversatorio al que es invitado, fastidiarse con un taxista, encontrar una revista con un artículo suyo, reflexionar acerca de la literatura a partir de ese artículo que habla de un libro de otro, y, por último, evadir el encuentro con quien debería llevarlo al conversatorio. Tal vez hay mucho de diferencia cultural entre Colombia y España en cuanto al comportamiento de ese personaje. De todos modos voy a decir lo que me fastidia: que todas las expectativas y frustraciones, por tonterías, que tiene el protagonista se deben a que él piensa que merece ser tratado con una distinción que nunca le ofrecen: su primer fastidio es con el taxista porque le quiere hablar en vez de irse callado, porque le quiere hablar de cosas que no le interesan en un idioma que no domina del todo, porque, cuando el taxista le pregunta qué hace y el protagonista se cansa de fingir que es un hombre de negocios y le dice que es un escritor y recibe un silencio por parte del taxista entonces se pone a la defensiva y le dice al taxista que seguro él es una de esas personas que no comprende que la literatura es igual de importante al trabajo de un político y que es «la creación más valiosa de la humanidad en su intento por entenderse a sí misma»[3] [tremendo ego, ¿no? La creación más valiosa…el protagonista va de un complejo de inferioridad a uno de superioridad en un instante]. Luego se molesta porque en el hotel no hay nadie para recibirlo, luego, su más grande alegría, es salir a caminar y encontrar su propio nombre en la portada de una revista que él admira. Luego decide crear una teoría literaria con su valioso tiempo no suficientemente apreciado por nadie, una teoría llena de explicaciones y respuestas y afirmaciones (innecesarias aunque él no lo note). Luego, al final, cuando por fin ve al delegado de recibirlo en el hotel, para llevarlo a la charla, decide ignorarlo y regresarse con la excusa de ser muy tímido, cuando claramente toma esa decisión por algo que se parece más a un orgullo infantil; en ese punto de la narración, si no saluda al delegado, no es por un sentimiento de incomodidad o inferioridad, como sucede con la timidez, es porque el protagonista se siente superior a eso, porque siente que no necesita al delegado, que no quiere dar esa charla, que no hay nada más importante para él que él mismo. Y eso, al final, me hace pensar que, quizá, este libro, más que sobre la literatura o la espera, es sobre el protagonista, que ama llenar su tiempo muerto pensando en lo que él es capaz de pensar: en la creación más valiosa de la humanidad para que el humano sea capaz de entenderse a sí mismo.
* Enrique Vila-Matas (2010). Perder teorías. Editorial Six Barral: Barcelona. 65 páginas.
[1] 1. La primera característica que menciona es la intertextualidad: todo este texto se asemeja al mismo ejercicio en que Italo Calvino intenta decir seis (de las que solo menciona cinco) características de la literatura del futuro. 2. El texto comienza con un prólogo de una autora inventada que afirma que se le atribuye una cita, erróneamente, dentro del texto; y entonces elige otra cita que le gustaría que le atribuyeran, y esa otra cita se la atribuye, sin anotarlo, a un autor diferente al que la dijo.
[2] Página 45, modelos de tramas: «Alguien se mete en un lío y luego se sale de él; alguien pierde algo y lo recupera; alguien es víctima de una injusticia y se venga; el caso conmovedor de Cenicienta, alguien empieza a ir cuesta abajo y así continúa; dos se enamoran, y mucha otra gente se entromete; una persona virtuosa es acusada falsamente de haber pecado o de haber cometido un crimen; una persona se enfrenta a un desafío con valentía, y tiene éxito o fracasa; alguien inicia una investigación para conocer la verdad de un asunto…»
[3] Página 6

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