Penguin Random House
Primera edición 2020
212 págs.
Este libro de cuentos sobre vicios raros atraviesa a todos sus narradores con el vicio omnipresente de la frondosidad lírica. Aunque parezca que es un libro sobre los excesos de sus personajes, es sobre todo un libro sobre el lenguaje desbocado desbarrancado desparramado desorbitado desorientado que tiene su raíz en el culebrero paisa, el parlache y la cantaleta, un discurso que narradores como Fernando Vallejo, Luis Miguel Rivas y Carlos Mario Aguirre han sabido musicalizar narrativamente en sus obras para crear un estilo común de relato de crítica y humor. En el mundo de La conjura de los vicios lo verosímil es el exceso; la premisa que no se detiene porque no se puede contener hasta que se choca con el mundo, y entonces intenta rehabilitarse, pero esto es solo un descanso para volver a empezar desde donde se había abandonado, y en ese esfuerzo por recuperar el tiempo perdido en vicio es donde se encuentra un final. A los personajes de estas historias, en otras palabras, los consume el vicio hasta el fin, pero no cualquier vicio, sino la incapacidad de parar de decir groserías, la necesidad de recibir un pico de un vigilante tras un vidrio para trabajar, el vicio al vicio, la urgencia de componer la apariencia de la gente que el narrador considera fea, el impulso imparable de un escritor de matar a sus personajes, la compulsión a regalar todo cuando se está borracho, la incapacidad de parar de hablar, y, por último, faltaba más, el vicio de los vicios a enviciar a un vicioso que al menos por un rato logra escapar, antes de caer, definitivamente.
Lo más interesante, para mí, en ese despeñadero de personajes y palabras, es cómo el lenguaje intenta imitar esa realidad absurda que nos hace reír sobre cosas serias una y otra vez, porque no tienen sentido para el sobrio, pero para el vicioso son la única razón. Y eso lo comunica bien. Este no es un libro silencioso, es un libro que grita hágale que no pasan carros mientras acelera en un pare hasta que un carro detiene la narración.
¿o qué pensas vos?