A cierto lado de la sangre, Juan Diego Mejía

Editorial: Planeta

Primera edición: julio de 1991

164 p.

Esta novela cuenta la historia cotidiana de una revolución fallida.

El narrador se llama Sebastián. Él y su compañera Mariana y su amigo Nacho son los responsables de intentar llevar el cuento de la revolución a unos pueblos alejados de la urbe. La historia de la revolución es una historia sobre la que se ha derramado sangre, en principio ellos están dispuestos a ofrecer también la propia con tal de estar a cierto lado de la sangre. Pero luego la vida es más compleja de lo que parece, y esos pueblos alejados de los cuentos tienen sus propias historias llenas de relatos que se repiten y que ofrecen una inercia más fuerte que los esfuerzos de los revolucionarios.

Esta novela cuenta también las historias de varias ilusiones y fracasos. No es la revolución lo que empuja a Mariana a acompañar a Sebastián, por ejemplo. Es más bien la oportunidad de encontrar un lugar singular junto a Sebastián en un pueblo alejado de todo lo que conocieron. No es la revolución lo único de lo que se ocupa Sebastián, tampoco. Es también la aventura de dirigir a un equipo de fútbol, de construir una casa para vivir con Mariana junto al río, y de montar una panadería que les haga la vida sostenible. A pesar de los cómplices que encuentran en esos intentos son los enemigos (los que no quieren que nada cambie) los que triunfan y les entorpecen sus propósitos hasta obligarlos a reconocer que ya no hay nada que los ate a ese lugar, ni siquiera la esperanza de sobrevivir juntos y quietos.

Los primeros capítulos de esta novela publicada por primera vez en 1991 se asemejan al estilo de García Márquez. Se parecen en que es un relato cotidiano lleno de hechos asombrosos que sus personajes asumen con naturalidad. También en el intento de reconstruir la historia de un pueblo abandonado a sí mismo. En la atmósfera nostálgica. En el relato de Sebastián a partir de analepsis, desde una primera persona que a veces parece saber más de lo que debe, como si fuera omnisciente.

Sin embargo entre más avanza esa voz narrativa más adquiere un peso propio e independiente. Este relato no narra la historia de un pueblo universal y alejado de todo, como el de Cien años de soledad. Narra la historia de unos personajes con nombre propio que intentan luchar por encontrar una forma singular de existir en el mundo, pero fracasan. Y de esa aventura solo les queda la nostalgia, que convierten en un cuento y en la necesidad de seguir intentándolo desde este lado de la sangre.

Desde lo más personal me gusta muchísimo el título porque está lleno de poesía y de posibles interpretaciones. Me gusta la narración de los últimos momentos de la historia de Nacho. Y me parece extraordinario el párrafo final que justifica toda la historia y la ubica a cierto lado de ese universo mágico-trágico.

Del lado de la lucha, del volver a intentarlo, a pesar de todo.


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