¡Diles que no me maten! (El llano en llamas), Juan Rulfo

Libro: Juan Rulfo Obra Reunida

Editorial: Eterna Cadencia

Reimpresión, 2017

334 páginas

El llano en llamas fue publicado por primera vez en 1953. Este es el noveno cuento de ese libro. Originalmente publicado en la revista América Nº 66, agosto, 1951.

El tema de este cuento es circular porque vuelve al inicio, y además se repite: lo alimenta la venganza a partir de la pérdida de la tierra y la pérdida de un padre. El cuento empieza con Juvencio Nava rogando caridad, pero no la recibe. No hay compasión en este cuento. Juvencio mata a su compadre Guadalupe Terreros por no dejar que sus animales se alimenten de la tierra que le pertenece a Terreros; este se niega aun siendo su padrino. Desde ese día Juvencio es perseguido, robado y estafado por todos los que saben que cometió ese delito, es perseguido judicialmente a pesar de entregar casi todo lo que tenía a cambio de su libertad. Durante más de treinta y cinco años se la pasa escondido y huyendo; ya viejo, Nava siente que esa ha sido su pena, y que no tiene sentido que vengan a matarlo ahora, como en realidad sucede. La orden de mandarlo a capturar y matar la ejecuta un sargento, ese sargento era un niño cuando Nava mató a su padre, y lo que busca y no está dispuesto a negociar es la venganza: «Es algo difícil de crecer sabiendo que la cosa de donde podemos agarrarnos está muerta. Con nosotros eso pasó».

Con frecuencia los cuentos y los personajes de Rulfo parten de ese desarraigo, aquí se enfatiza. La palabra enraizamiento en relación con un padre muerto nos habla de una orfandad de tierra y de padre, de todo, de cualquier cosa.  Pero la historia no se detiene ahí, insinúa repetirse, pues empieza con el ruego de Juvencio a su hijo Justino de que vaya y pida clemencia para él al sargento. Es Justino quien cierra la historia llevándose el cuerpo de su padre cargado en un burro, para el entierro. Quién sabe si para Justino ese será un cierre, quién sabe si alguna vez ese sargento no se vea obligado a rogar la clemencia de Justino.

La estrategia narrativa es muy completa. No solo tiene esa cronología circular que la hace terminar casi donde empieza después de haber recorrido todo su centro, sino que está desarrollada en diferentes planos narrativos. Empieza con el diálogo entre Juvencio y su hijo, luego interviene un narrador en tercera persona, luego entra la voz en primera persona de Juvencio, luego se intercala ese narrador en tercera no solo con la voz de Juvencio sino con la del hijo y el sargento. Las diferentes voces se sostienen con el tema y la estética, más que con el idiolecto. A pesar de los planos narrativos complejos intercalados toda la narración es comprensible y verosímil. No sé cómo decir sin que suene a frase de catálogo comercial que este es otro ejemplo más de la maestría de Rulfo. Tal vez haciendo énfasis en la complejidad y profundidad auténtica de algo que si no se mira con detenimiento parece normal, parece sencillo.


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