Libro: Juan Rulfo Obra Reunida
Editorial: Eterna Cadencia
Reimpresión, 2017
334 páginas
El llano en llamas fue publicado por primera vez en 1953. Este es el séptimo cuento de ese libro.
El escenario es el de una sociedad abandonada a sí misma. Lejos del desarrollo que le debió ser contemporáneo. Dentro de esa sociedad un narrador con un trastorno mental que no se identifica realiza un monólogo interior que se abre y se cierra con la misión que le encomienda su madrina de ir a sentarse junto a una alcantarilla a esperar a que salgan unas ranas que están cantando, para matarlas. Aunque la época exacta en que sucede no se marca, las descripciones de la vida común que hacen de esas tres personas me hace pensar que no se ubica en un período anterior al siglo veinte. Sin embargo los comportamientos éticos y el pensamiento de sus personajes sí me hace pensar en una sociedad poco desarrollada, sobre todo por esa ambigüedad que hay en ellos entre la culpabilidad y la inocencia.
El primer personaje y narrador es Macario. Si él no tuviese un trastorno mental y unos malos cuidadores se le podría acusar por haber ahorcado a alguien, por ir a matar a golpes a unas ranas, porque le sepa bien la sangre, porque no sepa diferenciar entre lo correcto y lo que no lo es. También a la madrina se la podría juzgar por esa orden sádica de ir a matar a las ranas, o el llevar a Macario a misa y amarrarle las manos, por ser tan negligente e inepta con él, pero esa imagen se atenúa cuando sabemos que, aunque sea, es la cuidadora económica de Macario. A Felipa, contratada para trabajar en la casa, se le debería denunciar su abuso sexual, pero las descripciones de Macario nos hacen ver en ella a una persona amorosa con él y asustada con la religión, alguien sin educación, no necesariamente alguien malintencionado. En los habitantes del pueblo que le tiran piedras a Macario sí hay una maldad sin atenuantes, como lector asumo que lo hacen porque rechazan a Macario por su trastorno, y también me los imagino ignorantes y mezquinos, como acostumbran a ser tantas sociedades violentas.
Lo importante no es el juicio de valor, ni la exculpación, lo importante para mí en este cuento es ser capaz de ver a cada personaje, y a la sociedad entera que describe, en su contexto. Cada una de esas acciones brutales que se intensifican con las comparaciones de los comportamientos de animales salvajes, con la vida y los pensamientos primitivos (mágico-religiosos) que determinan la conducta de sus habitantes me hacen ver, antes que juzgar, a una sociedad desamparada.
La imagen de Macario durmiendo entre costales llenos de cucarachas que intenta matar con ocotes mientras evita la picadura de alacranes, la exculpación de los demás que realiza desde su trastorno, no solo lo reflejan a él sino a los que lo maltratan, que también tienen justificaciones, aunque estas sean absurdas o correspondan a desviaciones religiosas o a probables abandonos estatales. Esa sociedad (como ese narrador que al final del cuento nos revela que su madre y su padre están muertos) se ve abandonada y desprotegida por eso. Abandonada a una religión católica que no enseña sino cuentos de infiernos o purgatorios para controlar a sus habitantes, abandonada a la pobreza y a la mala educación, abandonada de un desarrollo cultural que la hace parecer una sociedad primitiva y salvaje como los animales con las que la compara.
El estilo de Rulfo se caracteriza por una estética intensamente poética pero una prosa de apariencia simple, que a la vez integra un conflicto desgarrador, que se siente auténtico y que deja una herida dolorosa. Desde la estrategia lo más vistoso, difícil y a la vez efectivo es haberla logrado narrar desde el monólogo interior de una persona con un trastorno mental que manifiesta su inocencia mientras revela los maltratos a los que se lo somete, sin saber que es maltratada. El cuento se divide en 6 partes que solo se marcan en el contenido. La primera muestra la escena introductoria con Macario esperando para matar a las ranas para complacer a su madrina. Es el primer esbozo entre la crueldad y la inocencia del narrador. La segunda nos señala el trastorno mental del narrador. La tercera nos cuenta de la relación de abuso sexual de Felipa con el narrador pero que el narrador no entiende de esa forma, que disfruta y exculpa. La cuarta nos muestra a la gente del pueblo, la voz del cura y los comportamientos del narrador en un contraste ambiguo entre luz y oscuridad directamente relacionado con el bien y el mal: «El camino de las cosas buenas está lleno de luz. El camino de las cosas malas es oscuro» dice la voz del cura; a lo que el narrador se responde que él se levanta a oscuras e intenta que no lo agarre la luz del día, porque si se expone a la calle y lo ven (a la luz) lo apedrean. La quinta intensifica los comportamientos de Macario contrastados con los de los animales con que duerme y a los que mata: Macario se golpea repetidamente la cabeza durísimo hasta que le sale sangre porque quiere escuchar el sonido del tambor que suena afuera, Macario duerme en costales rodeados de cucarachas que mata mientras evita los alacranes, Macario le unta saliva en la nalga a Felipa durante toda la noche porque a ella la ha mordido un alacrán, Macario llora, porque Felipa llora. La sexta parte retoma la escena del principio, pero ahí Macario agrega que él se mantiene con un hambre insaciable, que se come la comida de los puercos gordos y la de los flacos, y que mientras encuentre comida en esa casa ahí se va a quedar añorando la leche de Felipa e intentando complacer a la madrina y temiéndole a las amenazas que le hacen sobre la muerte y el infierno.
Este cuento, desde el contenido y la estrategia, refuerza y contrasta la inocencia, la culpabilidad y el abandono, no solo de un narrador que padece un trastorno, sino de una sociedad entera trastornada.
¿o qué pensas vos?