Libro: Obras completas I
Editorial: Emecé
Tercera reimpresión en Colombia, 2008
Este cuento hace parte de un libro publicado inicialmente en 1944, llamado Ficciones. Se subdivide en dos partes: El jardín de senderos que se bifurcan (1941) y Artificios (1944). Las ruinas circulares es el tercer cuento de la primera parte.
Para mí el tema grande de este cuento es el tiempo. Como seres humanos estamos hechos de tiempo: nuestra identidad, nuestra realidad, nuestra consciencia y nuestra memoria están armadas con tiempo. El tiempo es una dimensión en la que nos movemos: las historias que nos contamos, nuestras experiencias, nuestro conocimiento, están hechos de tiempo también. Estamos tan metidos dentro de la duración que nos olvidamos de eso y tenemos que hacer un esfuerzo por pensar y señalar que la existencia sucesiva es el lugar en donde estamos mientras tanto; después y antes no sabemos, y mientras tanto solo creemos que existimos, y nada más. Para mí, de eso es que habla esta historia. En ella un humano un poco borroso y antiguo (por la falta de detalles que nos dan de él y el poco conocido escenario en que se desenvuelve) atraviesa un pantano para llegar a unas ruinas circulares, al llegar ahí ya sabe que su objetivo es soñar, quiere soñar un hombre real, y lo intenta primero en abstracto y luego parte por parte; pero el humano abstracto que sueña aunque parece tener entendimiento solo lo roza y lo simula, el que es concreto no tiene vida, es un muñeco preciso. El soñador entonces ruega a un tigre o caballo de piedra (que tuvo alguna vez una forma de fuego y que corona la ruinas en las que él se encuentra) que le ayude con la tarea, y la estatua cobra vida y le dice que puede ayudarle pero le pide que le enseñe a adorarlo. El soñador acepta y su figura cobra vida, le enseña pero intenta demorar la enseñanza para no verse obligado a separarse de él tan rápido. Finalmente llega el momento y el soñador libera a su creación, pero antes lo hace olvidar lo aprendido por miedo a que su creación descubra que no es un humano real sino solo una sombra de un humano. El humano soñado entonces repite la misma llegada a unas ruinas similares que ya habían sido incendiadas, y dentro de ese incendio está el soñador, que al intentar atravesar el fuego se da cuenta de que el fuego no come su carne, y entiende que él tampoco es un humano real, que otro ha estado soñándolo. De esta forma se completa esa figura del infinito en la que un sueño de un humano que sueña a otro humano que sueña a otro se repite por toda la eternidad. En este cuento fantástico nuestra identidad, nuestra realidad, nuestra conciencia y nuestra memoria están armadas con tiempo, como en la realidad que también creemos conocer.
Esas ruinas circulares hablan de nosotros, de lo poco que sabemos que somos, y de cómo construimos nuestra consciencia ilusoria.
¿o qué pensas vos?