Comentario: Las formas de la espera (Libro del tedio), José Ardila

Editorial Angosta, enero de 2019, segunda edición.

195 páginas

En este cuento sí sentí el tema del tedio. El tedio, en este caso, es esperar a que algo cambie, a que Ana cambie, pero como ella no cambia el narrador termina enamorándose de esa esperanza, y la esperanza se convierte en el tedio. Yo creo que la pasividad y la indiferencia son cosas diferentes, que el aburrimiento y la quietud no son lo mismo. Creo que el tedio exige apatía y cansancio, un estado de ánimo incómodo pero casi neutro, porque está lleno de desinterés. Yo creo que el narrador de este cuento soporta ese tedio, que es esperar a Ana, precisamente por la esperanza de que Ana aparezca, y al final, de una forma paradójica, termina enamorándose de ese aburrimiento que es esperar a alguien, aunque ni siquiera Ana aparezca ya, aunque Ana se convierta entera en una espera interminable.

De este cuento me gusta ese giro y esa fusión que se da entre el tedio de la espera y la emoción de la esperanza. Y también me gustó mucho el estilo, que manteniendo esa sencillez aparente de los demás cuentos del libro, explora sin embargo una narración más vertiginosa, llena de frases subordinadas y enunciados superpuestos que se acumulan en párrafos grandes sin convertirse en ruido. En la página final, sin embargo, ese ritmo se rompe y está lleno más de espera que de desenfreno, de frases cortas y espaciadas, conversacionales, que terminan con una reflexión medio sentenciosa.

Me gusta este cuento. Me parece simple, de una buena forma. Más emotivo que reflexivo. Siento empatía por el narrador, porque siento que conozco a Ana, desde el lado del que espera sin fin y con una esperanza boba y tediosa que no soy capaz de abandonar.


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