Libro: Cuentos completos
Editorial Alfaguara
647 páginas
Primera impresión en Colombia: 2018
No es cuento pero está casi al final de este libro de cuentos. Es una conferencia que no sé si dictó. El título es la enfermedad y la literatura, la conclusión es que, para lo bueno y para lo malo, literatura y enfermedad son casi lo mismo. El argumento y el tema para llegar a esa conclusión es afirmar que los viajes, el sexo y los libros son todos caminos que no llevan a ninguna parte [porque no hay un camino que salve] y que sin embargo son caminos por los que hay que internarse y perderse para volverse a encontrar o para encontrar algo, lo que sea. Esa afirmación simple es una de las que yo llevo también en lo más profundo de mis explicaciones (insuficientes) de las cosas. El mundo es un lugar en llamas, nos podemos quemar gritando o nos podemos quemar intentando salvarnos, y aunque el destino sea el mismo es en ese intentar (no en el salvarnos) es en ese intentar que está la vida.
No estoy convencido de entender esta conferencia porque me falta leer a Baudelaire, Rimbaud y Mallarmé. Me falta mucho Nietzsche. Me falta amar los viajes reales como he visto que los ama muchísima gente. Me falta saber viajar, como dicta Bolaño, me falta demasiado. El discurso está construido a partir de aparentes conjunciones contradictorias (enfermedad y conferencia, enfermedad y libertad, enfermedad y estatura, enfermedad y Dioniso…). El eje central, se ve, es la enfermedad. Cómo está la enfermedad en el centro de todas las cosas. La enfermedad como consciencia de la mortalidad, de que el tiempo es corto y la fuerza para soportarlo en pie cada vez es menor. Pero la enfermedad también es una liberación de las circunstancias, porque ante la posible pérdida de todo ya no hay nada que perder, y eso libera, y esa es la comparación que Bolaño realiza entre la enfermedad y los viajes, el sexo y la literatura.
La conferencia, después de la introducción breve, inicia con el diagnóstico, la situación del diagnóstico. Estar encerrado en un ascensor con una doctora que te va a hacer un examen justo cuando te acaban de decir que las posibilidades de sobrevivir más de unos meses son bajas. Estar ahí y ver a los demás encorvados pero permanecer vertical, como alucinado. De ahí parte al placer del cuerpo, a la literatura y los viajes como huida hacia ninguna parte, huir solo para seguir estando (navegar es necesario, vivir no es necesario).
Al final, tal vez, la conferencia llama a los lectores a buscar el placer de estar vivos, porque de todos modos estamos condenados, y es ahí donde la literatura y la enfermedad se juntan. La literatura es el placer, la enfermedad es la condena, la enfermedad va a ganar, pero mientras tanto, mientras tanto qué importa, mientras tanto la literatura.

¿o qué pensas vos?