Editorial Angosta, enero de 2019, segunda edición.
195 páginas.
La familia es un organismo extraño. Es un cuerpo entero, pero sus miembros se pueden soltar y tienen movimiento propio. Sin embargo, aunque el cuerpo esté suelto comparte la memoria y el dolor. Para todos, pero sobre todo para la familia que ha vivido al menos durante un tiempo junta, es extraño reconocer cómo la memoria de una sola cosa es diferente para cada de una de sus partes. El mismo evento para un brazo es diferente para la pierna porque son diferentes aunque hagan parte de lo mismo, y así con los demás miembros. El dolor, en cambio, parece uno solo pero se distribuye sin menguar su intensidad. Si un brazo se corta un poco a la pierna le duele como si se hubiese quebrado el dedo meñique del pie, el del equilibrio, y así con el resto del cuerpo.
El cuento, llamado Este pequeño negocio, habla sobre eso. Sobre la unidad de una familia separada. Y menciona otra cosa también, el lenguaje solapado de lo que más nos importa. Es extraño cómo muchas veces cuando algo nos importa mucho le cambiamos el nombre. Para decirle a su hijo que lo importante es que permanezcan todos juntos, hasta la muerte y después, el papá le habla de una afiliación familiar a una funeraria, y mediante ese lenguaje algo distante y formal se está expresando un amor sin tiempo, o con todo el tiempo, un amor sin fin.
Este cuento me da ganas de llorar. Lo releí con miedo porque no quería agregarle más ardor a esa herida. Porque me hace imaginar a mi familia con ternura y tristeza y miedo de que algo malo les pase y también me recuerda esa necesidad de que nos soltemos y nos movamos solos y seamos capaces de aceptar lo que no queremos soportar.
El estilo es simple, efectivo, arrollador.
¿o qué pensas vos?