Borges acostumbra a ver los hechos como símbolos y como reflejos. Así lo que en principio puede parecer una oposición resulta en otra cara de lo mismo (a B. le gusta decir que para Dios las dos caras son iguales).
El espejo lo cuenta mejor: la imagen invertida del otro es uno y viceversa, aún si parecemos lo contrario. De esta forma, si alguien atraviesa el vidrio uno de los dos desaparece, pero ninguno se pierde. La imagen de esa adivinanza es una magia alcanzable en la que no profundizamos.
Una frase y dos historias de B. que no quiero olvidar confirman lo anterior.
La frase es esta: «Hay quien busca el amor de una mujer para olvidarse de ella; para no pensar más en ella», al leerla interpreto que a veces la mejor forma de escapar de algo es correr hacia eso de lo que huimos.
Las dos historias se encuentran en un cuento, la del guerrero es la de un lombardo que termina por defender con su vida a Ravena, el pueblo que debía asediar y derrotar. La de la cautiva es sobre una mujer inglesa obligada a habitar La Pampa y Tierra Adentro —ese fin del mundo, como lo nombra B.— a mediados del siglo XIX. La cautiva se habitúa a ese territorio, para una inglesa de esa época increíble y monstruoso, hasta adaptar sus costumbres y olvidarse de quien era. Dice B. que tal vez su abuela inglesa, que habló una vez en ese territorio con la cautiva, se vio reflejada entonces en ese destino grotesco. Al final del cuento donde aparecen las historias del guerrero y de la cautiva el autor afirma que, a pesar de la separación de mil trescientos años y el mar, para Dios la dos historias podrían ser la misma.
Pienso ahora en alguna ocasión en que yo me haya sentido igual, en los pies de otros o de todos, en una de esas historias que se repiten no solo para mí. Pienso en el enamoramiento. En este momento me gusta alguien que creo que no se parece a mí. Se parece tan poco a mí que cuando la conocí la convertí en telón de fondo. Se parece tan poco que en realidad no estaba interesado en conocerla, pero una suma de circunstancias que quise evitar me obligaron a acercarme. Una vez cerca ya no me he podido salir, y me la paso recordando e inventando a la persona que debía olvidar.
Tal vez Borges podría anotar que esta última historia es otra vez la misma.
¿o qué pensas vos?