12.1 «El sur» y el regreso

Para hacer un círculo hay que partir de un punto que se desvíe ligeramente, aunque vuelva al origen desde el primer distanciamiento. Para dibujar un círculo hay que decirse, como hace Borges en «El sur»,  que uno es otro. Hay que ignorar por un lapso breve el pasado y recordarse en una porción de tiempo presente. Después, como en un sueño obligatorio, ignorar o encontrar simetrías, creer que uno se aleja, aunque apenas recorra un camino de puntos equidistantes.

Yo también creo que uno vive en un círculo que a veces es una espiral. Quiero decir que aún ignorando la propia vida, y la de los que me antecedieron o sobrevivirán, tiendo a repetir sin querer hechos parcialmente simétricos. Me repito con frecuencia. No sé por qué sucede esto, aunque detrás de todo —y sin supersticiones— creo que hay un centro. Creo que uno mismo es un centro del que intenta alejarse. Creo que ese deseo, con tiempo y esfuerzo, a veces se logra. Aún así el resultado no es una linea que exclusivamente se aparte, es un centro más grande, más inevitable.

Ficciones, libro de Borges que incluye El jardín de senderos que se bifurcan y Artificios, tiene como hilo conductor de sus cuentos un análisis metafísico del tiempo. Ahora que terminé otra vez de releerlos pienso que ese es el gran centro que imaginó el autor para su literatura y para sí mismo. Dentro del tiempo está la eternidad y la memoria, los libros y la realidad; y dentro de esos elementos Borges se encierra como dentro de un laberinto o un sueño o un tigre o un espejo, como dentro de un círculo que hay que repetir y repetir para avanzar un poco sobre uno mismo.


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